Veneración por San Antón en Villacañas

Por la mañana se ofició una misa en la Parroquia de Nuestra Señora de La Asunción y a continuación la procesión que llevó a San Antón a la ermita del Cristo. Por la tarde, con algo de lluvia, se procedió a la tradicional bendición de los animales

Villacañas Digital | Villacañas | 22/01/2014

Los villacañeros celebraron el pasado sábado San Antón. Por la mañana, a partir de las doce, se celebró su oficio religioso y la tradicional procesión con la imagen del Santo desde la iglesia parroquial hasta la ermita del Cristo donde permanece todo el año, y en la que se pujaron un montante total de 105 euros por pasar la imagen. A estos actos en la matinal se sumaron numerosas autoridades civiles, con el alcalde de Villacañas, Santiago García Aranda, a la cabeza. Unos actos que se vieron acompañados con la música de nuestra Banda Municipal de Música que su director, Javier Benet, al frente..

Ya por la tarde, a partir de las 17 horas, pese a que la lluvia hizo acto de presencia en diversos momentos del acto, los villacañeros acudieron en gran número al tradicional acto de la bendición de los animales en la ermita del Cristo. La víspera los vecinos disfrutaron del calor de la hoguera y del asado preparados por la Hermandad, organizadora de la fiesta en colaboración con el Ayuntamiento. En esta noche se recaudaron 340 euros que se destinarán a Cáritas.

Por la tarde, y al volver a trasladarse la fiesta al sábado, ya que el viernes fue el día que este año cayó San Antonio Abad, fueron muchas las personas que acudieron con sus animales y que, además de recibir la bendición del párroco de la localidad, don Luis Lucendo, dieron las típicas tres vueltas a la ermita, siempre en sentido contrario a las agujas del reloj. Se hicieron reconocimientos para un ternero, de Jesús Gallardo, un conejo en una cesta decorada, de Inmaculada Irala, y para la Asociación la Espuela.

El origen de la tradición

San Antonio nació en un pueblo del Alto Egipto. Se cuenta que alrededor de los 20 años vendió sus posesiones, entregó el dinero a los pobres y se retiró a vivir en una comunidad local. Tras años ayudando a otros ermitaños se internó en el desierto para vivir en absoluta soledad. En la vida de Pablo el Simple, un famoso decano de los anacoretas de Tebaida, se cuenta que Antonio fue a visitarlo en su edad madura y lo dirigió en la vida monástica; el cuervo que, según la leyenda, alimentaba diariamente a Pablo entregándole una hogaza de pan, dio la bienvenida a Antonio suministrando dos hogazas. 

A la muerte de Pablo, Antonio lo enterró con la ayuda de dos leones y otros animales; de ahí su patronato sobre los sepultureros y los animales. Se cuenta también que en una ocasión se le acercó una jabalina con sus jabatos (que estaban ciegos), en actitud de súplica; Antonio curó la ceguera de los animales y desde entonces la madre no se separó de él y le defendió de cualquier alimaña que se acercara.

Se afirma que San Antonio vivió hasta los 105 años, y que dio orden de que sus restos reposasen a su muerte en una tumba anónima. Sin embargo, alrededor de 561 sus reliquias fueron llevadas a Alejandría, donde fueron veneradas hasta alrededor del siglo XII, cuando fueron trasladadas a Constantinopla. La Orden de los Caballeros del Hospital de San Antonio, conocidos como Hospitalarios, fundada por esas fechas, se puso bajo su advocación. La iconografía lo refleja, representando con frecuencia a Antonio con el hábito negro de los Hospitalarios y la tau o la cruz egipcia que vino a ser el emblema como era conocido. Tras la caída de Constantinopla, las reliquias de Antonio fueron llevadas a la provincia francesa del Delfinado, a una abadía que años después se hizo célebre bajo el nombre de Saint-Antoine-en-Viennois. La devoción por este santo llegó también a tierras valencianas, difundida por el obispo de Tortosa a principios del siglo XIV.

La orden de los antonianos se ha especializado desde el principio en la atención y cuidado de enfermos con dolencias contagiosas: peste, lepra, sarna, enfermedades venéreas y sobre todo el ergotismo, llamado también fuego de San Antón o fuego sacro o culebrilla. Se establecieron en varios puntos del Camino de Santiago, a las afueras de las ciudades, donde atendían a los peregrinos afectados.

El hábito de la orden es una túnica de sayal con capuchón y llevan siempre una cruz en forma de tau, como la de los templarios. Durante la Edad Media además tenían la costumbre de dejar sus cerdos sueltos por las calles para que la gente les alimentara. Su carne se destinaba a los hospitales o se vendía para recaudar dinero para la atención de los enfermos.

Existió otra antigua orden llamada Orden de san Pablo y san Antonio Abad hasta los años 40 del siglo XX, de caracter semianacorético (con similitudes propias de los cartujos y los camaldulenses). Esta orden se dividió entre sus miembros, en la que algunos se integraron dentro del Carmelo Descalzo , en 1957, y los demás formaron la Congregación de Fossores de la Misericordia dedicada al cuidado de los cementerios. Existe una congregación posterior a esta orden, que ha tomado el mismo nombre, Congregación de ermitaños de san Pablo y san Antonio. Sus dos únicos monasterios están en la isla de Mallorca.

VIDEO: Veneración por San Antón en Villacañas - Toledo - Castilla-La Mancha, España
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Veneración por San Antón en Villacañas