Pietro Mennea, se fue el último gran velocista blanco

El atleta italiano estableció el récord del mundo de 200 metros en la Universiada de Méjico 79, 19.72, y lo mantuvo durante diecisiete años. En Europa aún reina treinta y tres años después

VD | 22/03/2013

El atleta italiano Pietro Mennea, el último gran velocista blanco nos dejó ayer en Roma a la edad de 60 años, tras sufrir una larga enfermedad. Para aquellos que hoy en día desconozcan quién fue este atleta italiano, decir que, ni más ni menos, fue el último gran velocista blanco.

Cuando dejó la práctica del atletismo nos dejó un campeón irrepetible para ser un mito terrenal que desde ayer se ha hecho eterno. Fue poseedor del récord del mundo de 200 metros durante más de 17 años. Mennea fue un velocista frágil en apariencia pero un Aquiles en la pista.

Su estilo en la pista estuvo acorde con su categoría como atleta, una categoría que le mantuvo en la elite de la velocidad los años 70 y 80. Su récord mundial en los 200 en Méjico, en 1979, con una marca de 19.72, se mantuvo hasta 1996 cuando el estadounidense Michael Johnson lo rebajó a 19.66.A Mennea siempre se le recordará por su exclusivo negociado en la curva, lugar donde fraguó la mayoría de sus victorias en sus numerosas batallas afrontadas. Fue un rara avis capaz de revelarse contra las inexorables leyes de la genética. Fue su entrenador de toda la vida, Carlo Vittori, quién cinceló su leyenda convenciéndole de que su potencial interno era más importante que su inacabable zancada.

El momento cumbre de Pietro Mennea le llegó con 27 años, siendo el tercer humano capaza de bajar de los 20 segundos en el doble hectómetro. En aquel inolvidable día llegó a correr los últimos cien metros en unos increíbles 9.38, registro éste poco alcanzable para muy pocos atletas de la actualidad. Luego, tras muchos girones del tiempo en los que fue moldeando su leyenda, llegaron Michael Johnsson y Usain Bolt. Pero ellos escribieron y escriben otra historia muy diferente: la raza negra impone su ley. Mientras, en Europa ningún atleta ha sido capaz de derribar su plusmarca hasta la fecha, habiendo pasado ya ¡34 años!

Además de aquella Universiada en Méjico, Pietro Mennea vivió otros días de gloria: Campeón Olímpico en Moscú 80, ayudado, sin lugar a dudas, por el boicot de los Estados Unidos en aquellos juegos. Aunque ocho años antes dejó probada su valía con un bronce imposible cosechado Munich. Otro broce olímpico lo consiguió en 4×400 (1980). En su participación en los Campeonatos Mundiales consiguió un bronce en 200 (1983) y una plata en 4×100 (1983) y en Europeos consiguió tres oros, dos en 200 y uno en 100, dos platas (100 y 4×100) y un bronce 4×100.

Después de la hazaña conseguida por el de Barletta, únicamente siete atletas han conseguido mejorar la marca lograda en 1979 y el actual récord, ostentado por el jamaicano Usain Bolt, es de 19.30. Hasta hace poco era poseedor de otro récord, el de los 150 metros lisos, que consiguió en 1983 con 14.8. Bolt lo tiene ahora fijado en 14.35.

Mennea, algo más que un mito del deporte italiano y mundial, se retiró tras los Juegos de Seúl 88 y se dedicó a la abogacía y también entró en política con el centroizquierda, siendo incluso elegido eurodiputado.
Antes de la enfermedad ejerció como profesor de Derecho en la universidad Gabriele d'Annunzio de Pescara, centro de Italia. Llegó a ser director deportivo de la Salernitana, equipo de fútbol italiano, a finales de los años 90.

Mennea, a quien apodaban "la Flecha del Sur", nació el 28 de junio de 1952 como ya se ha indicado arriba en un pueblo del sur de Italia, Barletta, a orillas del Adriático. Debutó como profesional en 1971. 17 años después, tras Seúl 88, el atleta se hizo mito dejando su hazaña para la posteridad escrita en letra indeleble. Ayer, el mito humano, en su última curva, se nos hizo sueño. Ese sueño que será honrado con un funeral a la altura de la huella trazada. Descanse en paz, en la gloria, tras su última carrera, Pietro Mennea. Con sus hazañas, a muchos se nos fue la niñez, pero nos quedará para siempre su pulso a lo imposible.