Tía Sandalia, ciento once años de vida e historia

El nacimiento de nuestra Tía Sandalia, hace ahora ciento once años en un día como hoy, es un buen motivo para traer al recuerdo a una de la figuras capitales en la historia artística de nuestro municipio. Una villacañera ágrafa que nos legó de manera indelebre su obra artística, escrita con los renglones torcidos de su plástica

Villacañas Digital | Villacañas 28/07/2013

Un día como hoy, en Villacañas, a las once y media de la mañana, del año 1902, nacía quien fue inscrita en el Registro Parroquial con el nombre de Catalina Sandalia Simón Fernández Verdugo, pero que todos conocemos por Tía Sandalia.

Nuestra ágrafa artista, ciento once años después, se ha convertido, por méritos propios y por el empecinamiento de otros muchos que así lo creyeron, en uno de nuestros principales referentes artísticos que nuestro municipio ha dado a lo largo de su historia.

Aún hoy, su figura tan particular, así como su misma obra  no dejan de conllevar controversia entre los muchos villacañeros que pudieron conocerla y que sobre ella y su obra algo nos pueden decir. Pero el arte tiene estos peajes y será necesario dejar pasar el tiempo para que esa controversia se vaya disipando para dejarnos nítida la magnitud y alcance de su obra realizada en un contexto que sólo nos pueda dar la clave de su verdadera dimensión.

Afortunadamente, la oficialidad villacañera,  corre el año 1982, tras las propuestas de la reciente creada Asociación de Amigos del Arte y de la Cultura, de la que formaban parte Francisco García Martín, Miguel A. Romero y Lola García trasladan a la Comisión de Cultura de nuestro primer Ayuntamiento democrático, que preside entonces Demetrio Martínez Prisuelos, de la UCD,  la petición de cierto reconocimiento de nuestra Tía Sandalia. El resultado de la iniciativa se plasma en el acta de la sesión del 5 de abril con el siguiente texto: “en sus ratos de ocio ha ido coleccionando en su casa muestras que afectan a la cultura de nuestro pueblo, llegando a conseguir un auténtico museo admirado no solamente por gente de nuestro pueblo, sino por gente venida de fuera”.

Esta admisión  como artista de cultura popular de la Tía Sandalia que supone el texto reflejado en el Pleno, abre un camino que de manera inmediata se traduce en un reconocimiento explícito por parte de Villacañas hacia una de sus hijas más reseñables. Así, todavía en vida de la autora, la calle donde vivía y donde encerraba toda su obra, deja atrás su antiguo nombre en honor de San Lorenzo y pasa a denominarse  Calle de la Tía Sandalia.

Pero ese pequeño gesto se queda ahí suspendido en el tiempo y es unos años más tarde, año 1987, año coincidente con la muerte de la autora,  siendo Justo Jimeno Bueno, PSOE, Alcálde de nuestra Corporación, y  así Francisco García Martín, concejal de Cultura, cuando se da un verdadero impulso a la pretensión de hacer perdurable la obra y con ello la vida de nuestra artista.

En enero, el trabajo presentado  en las “V Jornadas de Etnología de Castilla-La Mancha” por Pedro J. Lavado y la villacañera Inmaculada Zaragoza, que lleva por título “La santera y su entorno: La Tía Sandalia de Villacañas”, llegar a ser todo un avance cualitativo en su difusión ante la oficialidad etnográfica.

La primera consecuencia de ello deriva en intentar presentar un Primer Plan, 20 de enero, de actuación sobre el conjunto de la obra que se desecha por imposibilidad económica. Con la  muerte de la Tía Sandalia, el 15 de mayo, se da un paso capital para la posible evolución de una obra muy deteriorada entonces y que requiere una actuación urgente para poder rescatarla de los perversos efectos del paso del  tiempo y de dejar de encontrarse en unas condiciones poco idóneas para el mantenimiento de una obra que ve avanzar su deterioro hasta un estado prácticamente irrecuperable: sus herederos ceden los derechos de la obra a nuestro Ayuntamiento.

Para entonces, la situación del conjunto artístico es crítico y la necesidad de encontrar una solución se convierte en toda una peregrinación y un cerrar de puertas constantes hasta que la Escuela de Conservación y Restauración de Madrid, bajo la dirección de Guillermo Fernández García, acometen un actuación definitiva de recuperación de una obra que desde entonces se convierte, reconocida por pleno derecho, en parte del patrimonio cultural de Villacañas  y que  obliga a los villacañeros presentes y futuros a conservar y hacer perdurar en los años venideros como parte integrante de nuestro legado cultural hacia las futuras generaciones.

El 11 de mayo de 1991, las antiguas Escuelas de Quiñón pasan a albergar la Casa Museo de la Tía Sandalia. Qué hubiera dicho nuestra Tía Sandalia al respecto. Nunca lo sabremos. Ella, mientras daba vida a su obra, nunca tuvo consciencia de poder dejar huella indeleble en la memoria de los tiempos, pues nunca se consideró como tal una artista con vocación de hacer perdurar su más preciada creación.

En 1997, en su tercer periplo al frente de la alcaldía villacañera, Alejandro Infantes Santos, PSOE, junto a su concejal de Cultura, Miguel A. Romero y a ese villacañero, dicho esto en el más pleno y buen sentido que el gentilicio pueda aportarnos, Luis Oliver,  se convierten en principales impulsores en la aparición de un libro que nace de la mano de quien, por decisión propia, la Tía Sandalia elige en sus últimos años de vida,  se erige en su biógrafo, Vicente Zaragoza Sesmero, y que se traduce en la obra que lleva por título “En la Frontera del Mito. La Tía Sandalia (1902 – 1987)”.

Con su libro, Vicente Zaragoza Sesmero, tiene la virtud de convertirse  en una de las piedras angulares necesarias para contribuir a dar a conocer en mayor profundidad, de manera esclarecedora, a una de nuestras hijas más ilustres y de una forma sencilla y divulgativa que entronca así de la manera más eficaz con la obra de su célebre biografiada.

Todo ese impulso que comienza en germen allá por el año 1982 cierra su círculo en 1997, año en el que sale publicada la primera edición del libro. Sin la citada obra,  todo ese esfuerzo de rescate que supuso el poder disponer hoy en día de nuestro Museo de La Tía Sandalia, quedaría huérfano y a expensas aún de ser escrito para darle su definitivo cuerpo.

La ventaja de haberse escrito entonces fue que Vicente Zaragoza Sesmero aportaba al proyecto dos ases en la manga para convertir su escritura en un libro de referencia capital: su prosa precisa y el conocimiento vivencial  de la autora y su contexto, así como el implícito reconocimiento de nuestra ágrafa artista por tener el firme convencimiento de que Zaragoza Sesmero representaba ser el escriba idóneo para hacer infinito el conocimiento de su obra.

Por esto, en un día como hoy, 28 de julio, de hace ciento once años, día del nacimiento de nuestra Tía Sandalia, sirvan la mención de estos escasos apuntes para retrotraer este día tan marcado en el almanaque de nuestra Historia, y seguir siendo conscientes del legado recibido y de la responsabilidad que hoy, los presentes, tenemos en nuestras manos para conseguir que el futuro de nuestra Tía Sandalia siga teniendo su propia carta de naturaleza y su insoslayable reencuentro con el futuro y con unas generaciones  que tendrán en sus manos el sostener el ideal de una pasión, sí, una simple pasión por encima de todo.

Tía Sandalia, ciento once años de vida e historia
Tía Sandalia, ciento once años de vida e historia