José Antonio Expósito, con “Amores, amores, amores de Juan Ramón Jiménez”, en acto organizado por la Fundación Ormeña, nos mostró la cara oculta del poeta de Moguer

La publicación por parte de José Antonío Expósito de cuatro obras inéditas del poeta Juan Ramón Jiménez supusieron un antes y un después a la hora de entender la vida y la obra del Nóbel de Literatura

Villacañas Digital | Villacañas 27/04/2013

Con motivo de la celebración estas fechas de la II Feria del Libro de Villacañas, la Fundación Cultural Ormeña organizó una conferencia que en su cartel anunciador el título era “Amores, amores, amores de Juan Ramón Jiménez” y que fue impartida por el doctor en Filología Hispánica y editor de Juan Ramón Jiménez, José Antonio Expósito. El acto ha tenido lugar en la Sala de Exposiciones de la Plaza de España del Ayuntamiento de Villacañas donde el conferenciante se vio acompañado por Ana Zaragoza.

José Antonio Expósito, un apasionado estudioso de la obra de Juan Ramón Jiménez,  que se doctoró en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid (2003) con la tesis “La poesía de Antonio Gamoneda”, y que ejerce en la actualidad como profesor de Instituto de Enseñanza Secundaria en Madrid, marchó hacia Puerto Rico con la intención de rescatar un libro inédito del poeta de Moguer, que se pensaba podía existir, y para su sorpresa se vino con cuatro obras, Ellos (2006), Libros de amor (2007), La frente pensativa (2009) y Arte menor, con los que se ensanchó  el mundo literario del Premio Nobel de Literatura que muchas generaciones simplificaron y conocieron solamente por una obra: Platero y yo y, a un mismo tiempo, la influencia que ejerció  sobre los poetas de la generación del 27:  Lorca, Alberti, Pedro Salinas, etc. que Expósito  llegó a ejemplificar con el uso de versos reconocidos en poetas como Lorca, Alberti, Salinas etc. y poetas de posteriores generaciones que se llevaron la fama de unos versos antes escritos por Juan Ramón. El famoso "Córdoba lejana y sola" que decía Lorca, está basado en "Huelva lejana y rosa" de Juan Ramón. Alberti dice en unos versos: "Si mi voz muriera en tierra, llevadla al nivel del mar". Y Juan Ramón había dicho antes: "Llevadme a la mar, si me duermo". Los ejemplos se suceden en cascada. Alberti decía: "La blusa azul ultramar, y la cinta milagrera". Juan Ramón antes había dicho: "La blusa azul, y la cinta milagrera sobre el techo". Son muchos los ejemplos que encontramos de esa influencia manifiesta e indiscutible. Pero no sólo esto  modificó el cliché establecido con anterioridad, sino que nos ofreció una imagen nueva  de su vida privada muy distinta a la conocida hasta entonces y que en las obras rescatadas dejó el poeta escrito, alimentando una auténtica revolución, pues se apartada diametralmente de la que con anterioridad se tenía concebida.

Una vida privada que desde joven se alimentó de obsesiones particulares que reflejó posteriormente con hechos vividos y que giraron, en principio, en torno al cortocircuito que ejerció en él el fallecimiento repentino de sus padre. Corría el año 1900, a principios del mes de julio . Antes, a finales de mayo, hastiado de Madrid, decidió regresar a Moguer. El 3 de julio muere su padre de un ataque al corazón, cuando todos estaban durmiendo. Juan Ramón despertó sobresaltado por los gritos de su hermana Victoria. A partir de ese momento su ansiedad y angustia serían continuas. Comenzó entonces a sufrir problemas respiratorios y a creer que moriría como su padre. Este hecho marcó de manera decisiva su percepción de la vida de tal modo que desde entonces se vio muy ligado a sus múltiples depresiones y tratamientos en centros terapéuticos, hoy sí reconocidos como psiquiátricos. Siempre, desde ese instante, convivió con una auténtica obsesión por estar muy cerca de un médico o de un centro hospitalario. José Antonio Expósito arrancó de ahí para ofrecernos la azarosa vida del poeta, donde ciertos personajes resultaron capitales a la hora de configurar una biografía posterior que los hallazgos del conferenciante sacaron a la luz.

El primero de esos personajes que marcaron su vida fue el doctor Luis Simarro quien le derivó al año siguiente a Burdeos al sanatorio del doctor Lalanne. Y no sólo este doctor  le trata profesionalmente sino que, debido a que Juan Ramón proviene de una familia adinerada y es un poeta que ya ha publicado un buen número de poemas, termina alojándolo en su casa. Florece entonces en un  joven de 19 años esa pasión de la juventud que no escapa al influjo que sobre él ejerce la niñera que cuida de los dos hijos del doctor. Pero a la par, surge una nueva relación amorosa, esta vez con la mujer del doctor Lalanne, Jeanne Rossi, quien se encapricha del joven poeta que no duda en dejarse querer. Su relación con la Romántica, por Jeanne, nos deja escritos versos que reflejan su relación amorosa: “Las muñecas eran testigos mudos de nuestro apasionado amor”. A  un mismo tiempo, en paralelo a su vivencias sentimentales, su acerbo poético se enriquece conociendo Juan Ramón a los simbolistas franceses –Baudelaire, Verlaine, etc.

Abrumado por la situación creada, decide regresar a España, septiembre de 1901. Lo hace instalándose en Madrid en el sanatorio del Rosario, Sanatorio dirigido por el doctor Simarro y que está atendido por las Hermanas de la Caridad. En este centro, el poeta escribió libros de los más conocidos. Pero también surgió una relación amorosa con una novicia, María del Pilar de Jesús, que, cuando fue publicada la noticia por José Antonio Expósito, generó en cascada, en la prensa nacional e internacional, alemana, italiana y americana, un aluvión de controversias al respecto, que llevó a la Madre Superiora de la Congregación de las Hermanas de la Caridad actuales a querer plantear una denuncia a José Antonio Expósito y a su editor.

La prensa en general alimentó con carnaza este hecho dejando de lado la auténtica importancia que suponía el rescate de la obra inédita del poeta que nos ofrecía una imagen literaria muy distinta a la registrada hasta el momento. Para alimentar este punto, a juicio de José Antonio Expósito, a tenor de los libros rescatados fue la Madre  Superiora quien se enamoró de él, como ve reflejado en “Áreas Tristes”, alejando posteriormente a la novicia de la que un cruce de miradas entre ambos bastó para comunicarle al poeta que la orden de ir a otro destino les alejaría para siempre.

El tratar como a un hijo el doctor Simarro a Juan Ramón hizo que tras la muerte de su esposa, el poeta se alojase en su casa durante casi todo el año de 1904.En este periodo el poeta de Moguer se relacionó con la Residencia Libre de Estudiantes. Un año después, los problemas económicos por los que atraviesa la familia le encaminan de nuevo a Moguer. Tiempo después, de nuevo en la capital de España, aparece en su vida otra figura capital, Luisa Grimm de la cual se enamora. Mujer elegante y culta, norteamericana, Luisa Grimm, era esposa de un rico español, Antonio Muriedas, quien tenía intereses económicos en México. Maltratada por su marido, Luisa Grimm termina separándose de él llevándose con ella a su hija. El amor del poeta es tal que la propone casarse  con él. Ella rechaza el matrimonio alegando que para su hija pequeña el contar con dos figuras paternas en su vida no sería bueno y prefiere esperar hasta que se haga mayor de edad. Entonces el poeta declara que no le importa pues su amor por ella esperará el tiempo que sea necesario.

Pero en esa larga espera, una nueva mujer se cruza en su camino, Zenobia Camprubí. Su sonrisa especial en un hotel llama la atención del poeta que, tras conocerla en un curso de verano en la Residencia Libre de Enseñanza, posteriormente, termina casándose con ella, pese a la clara reprobación de su suegra que quería a otros pretendientes más solventes en sus labores profesionales que lo que era entonces el poeta. Publica el poeta onubense su obra “Laberinto”, corría junio de 1913. Una obra pulcra y sencilla en la temática amorosa. Posteriormente, su siguiente obra es “Libro de Amor” que tras la desaprobación de Zenobia después de leerlo, el poeta decide retirar y guardar en un cajón en el que permaneció inédito durante cien años.

La Guerra Civil Española marca un antes y un después en la obra de Juan Ramón. Apoya decididamente la causa de la República y deja su quehacer poético para acoger y volcarse en ello  en su casa a varios huérfanos de la guerra a los que alimenta, intenta instruir  y viste. Un incidente puntual con el que un anarquista le pide identificarse, fusil en mano, amenazándole de muerte, ante lo que el poeta en principio no puede y ante lo que se ve conminado a buscar referencias de su identidad, pues no poseía una documentación de la que su exclusiva profesión de poeta, pues eso es lo que fue siempre Juan Ramón Jiménez, un vivir permanente por y para la poesía y para nada más.  Al día siguiente, encontradas esas señas de identidad por medio de un amigo, regresa a identificarse ante el anarquista, pero resulta imposible pues acababa de ser asesinado. El impacto fue tal en Juan ramón que decidió marcharse fuera de España poniendo rumbo a Cuba, y después Miami, Argentina, Uruguay y finalmente Puerto Rico desde donde le es concedido un premio Nóbel al que fue presentado por Estados Unidos y no por España en 1956. En 1958 fallece en San Juan a los 77 años.

Juan Ramón, el poeta en exclusividad que siempre fue, supuso un faro para los poetas de la generación del 27 y posteriores, para el que ellos miraban constantemente. Les indicaba el camino, incluso hasta cómo se debían hacer los libros. Los poetas del 27 acudían a Juan Ramón para buscar consejos, sobre el papel, las tintas y los tipos que debían utilizar.

Juan Ramón es el poeta más prolijo de toda la literatura española. No hay nadie que le pueda superar en la creación de poemas. Se preocupó mucho más de crear que de publicar. Y cuando los libros se le quedaban encerrados en un cajón, surgía siempre otro proyecto que llamaba su atención con mayor ahínco aún..

 

José Antonio Expósito, con “Amores, amores, amores de Juan Ramón Jiménez”, en acto organizado por la Fundación Ormeña, nos mostró la cara oculta del poeta de Moguer
José Antonio Expósito, con “Amores, amores, amores de Juan Ramón Jiménez”, en acto organizado por la Fundación Ormeña, nos mostró la cara oculta del poeta de Moguer